domingo, 4 de septiembre de 2011

Vuelve, amor.

Me gusta sentir el roce de las yemas de sus dedos con las mías y sentir las cincuenta y tantas sensaciones que puedo contar siempre que lo hace. Me gusta soñar despierta mientras me acaricia la cara y pensar, entonces, que podría durar para siempre. Echo de menos un poco de todo lo que me da mientras me mira al reír y siento que la locura que algún día creí perder sigue conmigo. Me gusta seguir sintiéndole y que me ponga el vello de punta a pesar de que lleve horas haciéndome sentir. Siento..., siento que mi mundo vuelve a estar escalonado, no sé, mis metas vuelven a ser visibles y vuelvo a tener las cosas claras sin dejar de volar libremente. Sencillamente, poco a poco consigo entusiasmarme.


Besa, siempre besa y me consigue. Me arruina los enfados más fuertes y me derrite. Habla, siempre habla y me comprende, se enfada pero nunca deja de hablarme. Y cuando ríe, cuando ríe, mi risa se agudiza y se vuelve tonta, como mi cara cuando le miro y suspiro. Y si me mira con ternura, entonces, me quemo... Parece que poco a poco se mete un poco más dentro de mí. Y, justo ahora que no le tengo aquí conmigo, sigo pensando en tenerle. Mis manos juegan con la nada y tocan su piel fantasma mientras mi memoria inicia un extraño cuento en el que ambos, poco a poco, comenzamos a fundirnos. Mis labios besan, hablan por sí solos sin apenas abrirse y saborean su aliento. Mis manos siguen soñando estar sobre su cuerpo, subiendo y bajando, sintiendo su piel, sintiéndole a él. Y así, entre su perfume, su pelo y su espalda, sus piernas y sus brazos; me escondo del mundo con él.


~ Anabel Vaz. ~

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